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Nuevos SentimientosEditar

Cada vez me aproximaba más y más a aquella chica cuyo nombre y actos aún no conocía, pero ya no me importaba, pues pese a ser yo su carcelero y ella mi presidiaria nos habíamos hecho grandes amigos y nos habíamos cogido bastante cariño, cosa que a los demás policías no les parecía muy agradable, pues creían que en cualquier momento podría dejarla escapar, cosa que me resultaba tremendamente fácil, pues tenía acceso a las llaves de todas las celdas.

-Me alegra que vengas a verme, la vida entre rejas es demasiado aburrida como para pasarla sola- Me dijo la chica esbozando una leve sonrisa.

-Sí, pues no te creas que la de carcelero es de risa.

-Lo sé. –Dijo asintiendo con la cabeza, y tras eso se formó una leve pausa, hasta que por fin dijo algo: -Oye, aún no me has dicho cómo te llamas.

-Tu tampoco me has dicho tu nombre- Sonreí travieso, y ella arqueó las cejas.

-¡Vamos, dime!

-¡He, he, he!, ¡Tranquilaa..!, ¡Me llamo Carlos! :3

-Buen nombre.

-¿Y tú?, dime tu nombre.

-Eres el primero de esta cárcel que me lo pregunta por las buenas, pero lo veo normal. Mi nombre es Mikari. 

-Es bello.

-Bueno, en realidad me pega, es nombre de asesina. –Dijo mirando fijamente al horizonte.

-¿Asesinato?, ¿Fue ese el crimen que cometiste para estar aquí? –Dije un tanto sorprendido, pues  no la veía capaz de matar a alguien.

-¿Qué te pensabas?, ¿Qué estaba aquí de vacaciones?. –Hizo una larga pausa y prosiguió.

–Cuándo  era pequeña era muy activa y bastante histérica. Como era muy difícil de controlar mis padres me enviaron al  psicólogo, para que intentase hacer algo ``bueno´´ de mi, pero no ha funcionado…. Ahora sigo teniendo ese problema, pero á empeorado, pues es la razón por la cual estoy aquí, pudriéndome en la cárcel de por vida.-Hizo una breve pausa. -¡He matado a mis familiares y amigos sólo por llevarme la contraria!, ¡Estoy loca!, ¡Merezco estar aquí de por vida!.

Tras decirme aquellas reveladoras palabras rompió a llorar. Y he de decir que sentí pena, pues ahora tengo claros mis sentimientos. Amo a esa chica, a si que la abracé tras la celda. Ella se extrañó, pero me abrazó también y lloró en mi hombro durante un buen rato.

-Muchas gracias, es bonito tener a alguien en quien poder confiar en un lugar tan terrible como este. Espero que lo que te he dicho no cambie nada entre nosotros y sigas viniendo a verme….-Dijo tiernamente

-Pues claro, eso ni lo dudes.

Mikari podría ser una despiadada asesina y estar loca, pero ¿Y qué? No la temía ni la temí en ningún momento, es más, me hacía estar tranquilo, y las horas corrían muy rápido cuando estaba junto a ella.

-Tengo que irme, tengo una reunión con mi superior, luego volveré.

-Vale, no tardes. –Dijo dulcemente y me dio un beso, a lo que respondí con una gran sonrisa que me iluminaba completamente la cara.

Me di la vuelta y aceleré el paso, pues llegaba tarde a la charla con el superior.

Cuando estaba delante de la puerta llamé cuidadosamente, pues é de decir que estaba aterrado. En todo el tiempo que llevo trabajando aquí nunca hubiera tenido que hablar con el superior, y ahora que es la primera vez no creo que sea para felicitarme por mi ``excelente´´ trabajo como carcelero.

-¡Adelante! –Dijo una voz ronca.

-Hola señor, ¿Quería verme? –Dije con recelo.

-Sí, siéntese. –Hizo una larga pausa, la cual sirvió para que me sentara. –Le he llamado porque estoy preocupado por ti.

-¿Por mí, señor?, ¿Acaso hay algún problema?

-Lo hay, ha llegado a mí la noticia de que te andas viendo a secretas con Mikari, la presidiaria que llegó aquí hace exactamente un mes. ¿Es cierto eso?

-Pero ella es una chica muy…

No me dio tiempo de terminar la frase, pues el superior me interrumpió con un fuerte grito.

-¡¿Es cierto o no lo es, Señor carlos?!

-Sí, sí lo es –Asentí resentido.

-No hace bien, pero que nada bien. Esa chica es peligrosa, ha matado a mucha gente con poca cosa, ¿A caso quieres que te haga a ti lo mismo?

-Usted no lo entiende, en el fondo es una buena chica… -Dije lastimosamente.

-¡¿Una buena chica?!, ¡No sabe lo que está diciendo!. Verá señor Carlos, esa muchacha está loca, por lo que ¡No debe de haber piedad para ella!.

Tras oírle decir aquellas palabras mi corazón se inundó de ira, y no puede evitar echarle en cara todo lo que pensaba.

-¿Quién se cree que es usted para hablar de ella así?, ¡Usted no la conoce, y nunca se ha esforzado para hacerlo!, ¡No sabe todo el dolor por el que pasó!

-¡Pero está loca! –Repitió furioso.

-Pe-pero está loca. –Repetí yo con todo burlón, y salí fuera de su despacho  dando un fuerte portazo, que debió hacer que el superior explotara de ira, pues me gritó que estaba despedido,  que no volviera y que tenía suerte de que no me encerrara en una celda.

Fui a toda velocidad cara la celda de Mikari, y cuando estaba enfrente de ella saqué mi juego de llaves y sin vacilar ni un segundo abrí su celda dejándola en libertad.

-¿Pero qué haces? –Dijo muy sorprendida.

-Nos fugamos.

-¡¿Pero qué dices?!, ¡Ten encerrarán o algo mucho peor!

-No me importa.

~~Continuará~~

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